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De La Guajira hacia Paraguaipoa: el poeta Óscar Parra lleva libros a la escuela rural en territorio venezolano

Las letras que vencen al desierto comenzaron su viaje muy temprano. Iban llenas de gratas y grandes emociones por encontrarse con nuevos brazos y voces que anhelaban conocerlas. Para ellas no existen las líneas divisorias; no entienden de mapas, alcabalas ni aduanas… viajan libres en medio de los territorios. Por eso, cuando el olvido levanta barreras, los libros se encargan de borrarlas.

La Maleta Literaria es un concepto que conecta culturas a través de la lectura viajera; es maravilloso ver cómo los libros rompen límites geográficos para unir a las personas. Las narrativas de migración resguardan la identidad de los pueblos en movimiento, y llegar a Paraguaipoa, Venezuela, es encontrarse con una geografía hostil donde los niños no solo mitigan la sed de la tierra, sino que anhelan refugiarse en el mundo de las letras.

A simple vista es solo un equipaje, pero al abrirse en mitad de las aulas rurales de Paraguaipoa, la maleta se transforma en un botiquín de emergencia pedagógica y de integración cultural. En una región profundamente golpeada por las complejidades del éxodo y el olvido institucional, un libro abierto es un refugio.

Las narrativas que viajan en este equipaje no son teoría académica; son el espejo de los pueblos en movimiento que luchan por resguardar su identidad”, así lo define el poeta Óscar Parra, compañero incondicional de un artefacto de resistencia que ha desafiado trochas y controles, y que hoy se conoce como la Maleta Literaria.

Parra es un poeta que no escribe desde la comodidad de un escritorio, sino precisamente allí, en el corazón mismo de la ruralidad, donde el suelo quema y la literatura se vuelve un resguardo indispensable.

Esta vez, la ruta de “Letra en Letra” trazó su camino del saber gracias a la alianza de la Fundación Leer Pensar Escribir y la Fundación Wikimedistas Wayuu. A través del proyecto Filwa: “Contando desde la ruralidad“, decenas de niños, niñas y docentes de Paraguaipoa cambiaron por unas horas la dura realidad fronteriza por la geografía del conocimiento.

Allí, bajo la sombra de una ruralidad que a veces parece tragarlo todo, se escuchó la voz del poeta. No era un discurso; era un susurro que sembraba sueños y esperanzas en la Laguna del Pájaro. En esa frontera de tantas carencias, la Maleta Literaria demostró que las palabras son el único puente que ninguna aduana ni ninguna línea divisoria podrán derribar jamás.

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